martes 9 de febrero de 2010

OBAMA Y LOS POPULISMOS

beck-glenn Son casi dos millones, llevan camisetas de «Soy fan de la Fox» y creen que John McCain es comunista. Y en sus manos está el vuelco -o no- electoral en favor de los republicanos en las elecciones al Congreso de noviembre. Son conocidos como el movimiento «Tea Party» (en alusión al primer incidente revolucionario en tiempos de la independencia). Y constituyen el movimiento político de moda en la era Obama.

Curiosamente, uno de los presidentes más centristas de la historia de aquel país ha desencadenado el rugir de algunas de las pulsiones más populistas que anidan en el complejo cuerpo electoral estadounidense. Su loable cruzada por universalizar la cobertura sanitaria ha sido percibida por muchos como un intento de intromisión del gobierno federal en la vida de las personas, activando el rechazo cultural a todo lo que venga de las «elites» de Washington D.C. El auge del ala más social del partido demócrata con la llegada de los «chicos de Chicago» a la Casa Blanca habría ayudado a conformar esta imagen.

Este movimiento, que podríamos denominar «antiizquierdista», se ha cruzado con la caída de los dos bastiones de la economía (es decir, de la sociedad) norteamericana: Wall Street para las finanzas y Detroit para el automóvil. La conmoción social generada, unida a cifras de paro del 8-9% en un país acostumbrado a un paro técnico del 4%, ha desatado la «paranoia nativista» o populismo jacksoniano que dispara contra todo lo que huela a Washington, capital, regulación y Naciones Unidas.

Este contexto ha facilitado la consolidación de un potente movimiento de base dentro del campo republicano, el «Tea Party» -capitaneado por Glen Beck, una estrella de la Fox-. Su objetivo: poner candidatos del ala conservadora del partido donde haya moderados. Anuncio de una lucha fratricida que puede poner en riesgo el «sorpasso» en el Congreso al que apuntan los sondeos de popularidad de Obama.

BORJA BERGARECHE

domingo 7 de febrero de 2010

JOAQUÍN LEGUINA: «Cuando no se hacen políticas sociales, se inventan otras... para ser «diferentes»»

leguina Joaquín Leguina ha preferido escribir su autobiografía como una novela «para poder decir toda la verdad. La verdad no se consigue con una autobiografía porque suelen ser muy justificativas. La novela -como dice Vargas Llosa- es la verdad de las mentiras. Mi problema era cómo engarzar un personaje real -yo mismo- con una ficción. Esta novela es absolutamente imaginaria en todo lo que se refiere a mi vida sentimental y familiar, y no es una novela política».

-En medio de la «memoria histórica», usted recupera el pasado sin revanchismo...

-No tengo ningún muerto en la Guerra Civil ni en un lado ni en otro. En mi familia había gente de derechas y de izquierdas, más de derechas, por lo que me considero hijo de los vencedores, lo cual no significa que me haya enfrentado a mis padres, ni siquiera a mi abuelo, que era más de derechas que Recaredo. Aunque no era fascista sino monárquico.

-¿La novela recala en París en Mayo del 68. ¿Que dejó aquel gigantesco incendio juvenil?

-Quedan algunas cosas buenas, pero no las que pensamos. Mayo del 68 reforzó la democracia porque finalmente los Estados escucharon las críticas de los jóvenes y se vieron obligados a dar pasos para mejorar. Sin embargo, los sesentayochistas querían la revolución... y la conquista de la felicidad. Fue un movimiento con una carga libertaria y anarquista muy grande. Además, se quería acabar con todo lo viejo, por ejemplo, con el partido comunista. Recuerdo que alguna vez se dejó caer el socialista Mitterrand y los jóvenes le llamaron «mito errante». Pero, al final, quien se llevó el gato al agua fue él y quienes terminaron por ser un «mito errante» fueron los estudiantes... Esos sí, tenían mucha gracia e imaginación.

-Sin embargo, la herencia del 68 se ha dejado sentir en ámbitos como la educación y la vida familiar, sobre todo en asuntos como la autoridad paterna y profesoral... Y también en la permisividad sexual o con las drogas... En la novela, su hija ficticia cae en el infierno de la heroína y muere de sida...

-Yo no he sufrido personalmente esa experiencia pero sí la he visto muy de cerca en casa de mis amigos, entre sus hijos, todos hijos del 68. Por eso quise hacerle pasar ese trago tan amargo al protagonista de la novela. Y en comparación con el comportamiento de la abuela cuando se enfrenta con inmensa piedad a la enfermedad de Clara, su fortaleza es mucho mayor, porque él no se quita la mala conciencia y se pregunta si no es el culpable... Y esa es una pregunta pertinente. Creo que hoy habría que recuperar la autoridad legítima y la disciplina porque son virtudes sociales.

-Estos días se se ha producido el triunfo electoral de la derecha en Chile. Usted y su protagonista vivieron el golpe de Estado de Pinochet... Hay algo que nadie dice. Allende ganó las elecciones porque la derecha fue dividida (Tomic y Frei cada uno por su parte) y Allende quiso hacer una «revolución democrática» con el 60 por ciento en contra...

-Eso no es exactamente así. El gran responsable de la deriva que tuvo la situación políticav de Chile no fue culpa de Allende, sino del éxito del primer año de gobierno de la Unidad Popular. Especialmente del Partido Socialista y de algunos grupos menores,como el MAPU. Pero la culpa del golpe la tuvieron quienes lo dieron, no sólo Pinochet y sus militares, sino los políticos que lo secundaron.

-Del Frente de Liberación Populaer (los felipes) al PSOE, pasando por Convergencia Socialista, usted asistió al proceso de refundación que va del Congreso de Suresnnes, donde no estuvo (ingresó en el PSOE en 1977), al Congreso que en 1979 forzó el abandono del marxismo...

-Se produjo un proceso de renovación intelectual muy importante. ¿Qué socialistas «sobrevivieron» a la Guerra Civil? El pensamiento de Fernando de los Ríos, el jurista Luis Jiménez de Asúa o el Indalecio Prieto más socialdemócrata. Y luego, en los años 70, Peces-Barba, Elías Díaz, Laporta, Virgilio Zapatero, José María Espinar, etc., todos ellos juristas y académicos, cuya influencia en el nuevo PSOE fue mucho mayor de lo que la gente piensa. Lograron que el PSOE abandonara toda veleidad totalitaria y se afirmara en la apuesta democrática. Ese proceso lo lideraron políticamente Felipe González y Alfonso Guerra y no hubo improvisación.

-Si el PSOE refundado en Suresnnes se desligó de la Guerra Civil, ahora Zapatero ha querido ligarlo a ella...

-Eso se llama «diferencialismo». Lo practican muchos nacionalistas vascos que escriben con una letra que nadie entiende o los gallegos cuando llaman «Galiza» a Galicia... El PSOE lo hace para diferenciarse de la derecha... ¿Cuándo hubo mayores diferencias entre la derecha y la izquierda que durante la Guerra Civil? Pues a ella. Es una estrategia de los gestores de imagen que puede servir unos días pero que después se vuelve en contra. A eso responde la política de expulsar a la derecha a las tinieblas. Seamos francos... ¿se ha distribuido mejor la riqueza durante estos años? No y lo digo como estadístico. Cuando no se hacen políticas sociales, se inventan otras... para ser diferentes. Eso ocurre con la ley de matrimonios homosexuales (con la que estoy de acuerdo, pero que se hace en contra de la derecha eclesiástica), con el feminismo, con el ecologismo... sólo para diferenciarse de la derecha. Se llega a decir que los trasvases son de derechas y las desaladoras de izquierda, como si los pantanos fueran franquistas y el conde de Guadalhorce o Juan Benet no fueran ingenieros de Caminos en un país de sequías Resumiendo mi posición: no estoy dispuesto a que la divisoria de aguas entre la izquierda y la derecha la haga Zapatero.

-¿Y los nacionalismos?

-Fui amigo en la Universidad de Javier Echevarrieta, un joven economista bilbaíno a quien se debe la primera víctima de ETA, el guardia civil Pardines. Era ¡orteguiano! Conozco y detesto los nacionalismos: han matado a mucha más gente que la II Guerra Mundial. No tengo simpatía por la defensa de las identidades colectivas. Los discursos identitarios son el problema más grande de España. Quien haya abonado ese exacerbamiento. y que vive más cerca del Nervión que del Manzanares, ha sido un irresponsable absoluto.

Tulio Demicheli

sábado 23 de enero de 2010

EL SÍNDROME DEL CORONEL TAPIOCA

GABRIEL TERICH REPORTERO DE GUERRA Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario Pueblo los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse.


Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto. Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas.

Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.

Arturo Pérez -Reverte

sábado 9 de enero de 2010

REVANCHISMO DE GÉNERO

feminista Por la ventanilla del metro de Barcelona alcanzo a ver una valla concebida por el Ministerio de la Igualdad, creado por el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero. En primer plano, una mujer joven y atractiva llamada Angie Cepeda luce unos preciosos pendientes de plata. Su mirada es diáfana y la complementa con una sonrisa displicente, quizá un punto altanera. El lema de la valla reza: "De todos los hombres que haya en mi vida ninguno será más que yo".

En un primer momento esta consigna cargada de insinuaciones y connotaciones -cosa lógica, si no, no sería tal- despierta mi alarma. Primero, parece afirmar que una mujer española contemporánea tiene (mejor dicho, el eslogan implica que ha de tener) muchos hombres; o da por sentado que ya los ha tenido, afirmación que, cuando menos, resulta discutible. Segundo, la redacción adultera un cliché, puesto que lo normal sería dar la sintaxis en pasado. Según los principios igualitaristas lo correcto habría sido: "De todos los hombres que hubo en mi vida ninguno fue más que yo".

Redactada así, la afirmación habría sido consistente y hasta neutral pero, claro, no serviría al anhelo de revancha, que parece inevitable en cualquier referencia actual a la condición femenina. Por curiosidad busco en Internet la campaña y compruebo que el eslogan en boca de hombres no sugiere lo mismo. O sea que hay evidentes matices "de género". ¿Qué es lo que resulta chocante aquí? Que parece jalear la guerra de sexos, como desde hace décadas hace el feminismo mal encarado, según la pauta de lo que Nietzsche llamaba "moral de la víctima". He ahí la razón de mi alarma: la sola presunción de que un hombre pretenda ser más que una mujer; o que una mujer se declare superior a un hombre, es lo que este ministerio debería combatir sin dar lugar a equívocos.

Incurrir en feminismos implícitos de cualquier índole es una contradicción flagrante de la función para la que este Gobierno concibió el Ministerio de la Igualdad. Ninguna repartición pública debería alentar subrepticiamente a las mujeres a ser más que los hombres y, en este caso, parece claro que la consigna no sugiere la igualdad de los sexos sino que viene a recomendar que "ningún hombre ha de ser más que una mujer"; pero, como en semejante jerarquía elemental si no "eres más" necesariamente "eres menos", las mujeres no tienen más remedio que pensar que Angie Cepeda, erigida en portavoz del Ministerio de la Igualdad, les aconseja imponerse a sus futuros hombres.

Ahora bien, las aberraciones de esta valla no son sólo sintácticas o connotativas o adverbiales. Se supone que estimula a las mujeres a no dejarse avasallar por sus hombres, pero lo que en verdad hace es recordar aquella escena memorable con que comienza la película Magnolia, en la que un espléndido Tom Cruise interpreta a un conferenciante que dicta lecciones llenas de entusiasmo y beligerancia ante un auditorio de "machos humillados" y los arenga con un:"Respect the cock!". O sea: "¡Un respeto por la polla!", que Cruise clama delante del enfebrecido grupo de hombrones que aplaude y vitorea todas y cada una de sus ocurrencias machistas.

No recuerdo mejor parodia y merecida trivialización del feminismo de revancha, realizada por un procedimiento muy simple: poner en boca de los odiados machistas los argumentos más tontos de las feministas.

El revanchismo "de género" es lo que ahora se airea y se difunde por innumerables medios públicos y privados y que, en un país vergonzantemente árabe y misógino como es España, no sólo bastardiza una cuestión -la relación entre hombres y mujeres- que es de una enorme complejidad, sino que subsidiariamente no ha hecho sino aumentar de forma alarmante la tasa anual de actos de violencia machista al lanzar a las mujeres al choque con machos ignorantes y brutales, hombres que -nunca olvidemos esto- han sido gestados, amamantados, criados y formados por mujeres. Bestias educadas por féminas, bárbaros que, más tarde o más temprano, caerán sobre ellas de forma implacable.

(Pongo "género" deliberadamente entre comillas porque después de leer lo que observa V.O. Quine a propósito del concepto en su Quiddities: An Intermitently Philosophical Dictionary [Cambridge, Mass.; Harvard University Press, 1989] no me atrevo a usar ese término sin las debidas reservas lógicas y de vocabulario).

El revanchismo "de género" (o sea, el resentimiento femenino) es un mal que se extiende imparable por todas partes. En el cine, por ejemplo, hace tiempo que está implantado: ¿qué otra cosa si no explica el éxito de aquella parábola semipublicitaria -como el resto de la filmografía de Ridley Scott- que fue Thelma y Louise?

Pero donde ese carácter resentido es más claro y elocuente es en las letras y en los videoclips de las canciones populares actuales. En este contexto el contraste con los antiguos modelos "de género" es harto evidente. Antaño, ante una ruptura o un desengaño los hombres solían -y aún suelen- llorar el amor fracasado, se emborrachaban para mitigar sus penas, se autocastigaban y se autodenigraban por sus faltas, su estupidez o su deslealtad y cantaban en tono elegiaco por la hembra perdida. Así ocurre en los tangos, en los boleros y las rancheras y en las conmovedoras canciones de Frank Sinatra o Billie Holliday.

Sin embargo, ante circunstancias parecidas, las mujeres actuales, que tan a menudo se identifican con una masculinidad imaginaria, no emulan la melancolía de los hombres sino que se calzan unas botas de caña alta, se atizan un atuendo de perdularia al estilo Madonna o un traje de leopardo y se retratan basureando sin piedad a potenciales amantes o pretendientes. Ni lloran ni piden perdón.

Hay ejemplos significativos en algunos videoclips de la frondosa discografía popular contemporánea: Shania Twain en That don't impress me much, en pose de femme fatale, toda ella leopardo; Shakira, en una canción titulada significativamente La tortura, donde despacha las excusas del golfo Alejandro Sanz con un A otro perro con ese hueso; y en una tonadilla pegadiza de Julieta Venegas: Me voy..., donde la mexicana arroja a su ex enamorado al vacío mientras levanta vuelo en un globo y tararea en tono angelical: "Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy...".

¿Tienes problemas con tu hombre? Escupe sobre él, maldice sus muertos, cámbialo ya mismo por otro, acaba con él; y si es preciso, tíralo por la ventana. No te cortes, que estás en tu derecho.

Lo dicho, tres nuevas canciones de esta guisa y la tasa mensual de asesinatos de mujeres acabará por triplicarse.

(¿No será este revanchismo resentido lo que ven venir con temor esos bárbaros islámicos..?).

Enrique Lynch

viernes 1 de enero de 2010

LAS DOS GUERRAS DE ROBERT GATES

robert-gates «Estoy atrapado en una tierra de gente valiente como leones, donde dar un paso es como trepar por una pared de hierro». Hace 2.337 años, un joven general griego al que hoy conocemos como Alejandro Magno escribió desde Afganistán esas palabras en una carta que envió a su madre. Afganistán, en aquella época, no existía. Pero sus habitantes ya se estaban forjando una férrea reputación de seres ingobernables.

Afganistán casi le cuesta la vida a Alejandro. Pacificarlo le llevó tres años, es decir, seis meses más que lo que le había costado ocupar el Imperio Persa que ocupaba lo que hoy es Irán, Irak, Siria, Turquía, Israel, Egipto y Libia. Una flecha en su muslo, en una batalla en lo que hoy son los territorios tribales de Pakistán -donde se refugia Osama bin Laden- casi deja al mundo sin el mayor conquistador de la Historia. Pero al final Alejandro dominó a los afganos.

Afganistán, «el reino de la insolencia», como lo ha llamado el historiador de la Universidad de Princeton Michael Barry, que pasó parte de su infancia en el país, no es invencible. De hecho, la mayor parte de las potencias extranjeras que han entrado en Afganistán -fueran los mogoles del emperador Babur o los británicos- han acabado dominando el país. No siempre por la violencia. Otra cosa es que la relación entre coste y beneficio de esa ecuación les favoreciera.

Hace ahora 24 años, el entonces director de Inteligencia de la CIA, Robert Gates, estaba, precisamente, trabajando en elevar los costes del antepenúltimo ocupante de Afganistán: la Unión Soviética. Gates trabajaba a las órdenes de Bill Casey, el jefe del espionaje estadounidense quien, para ponerse las pilas, solía ir a trabajar por la mañana escuchando en el coche una grabación secreta de los últimos minutos de conversación por radio de una unidad soviética en un helicóptero abatido por los muyahidin, es decir, los guerreros de la Yihad, a quienes EEUU estaba apoyando con la ayuda de Pakistán, Arabia Saudí y otros 25 países, entre ellos España.

Hoy, Robert Gates es el secretario de Defensa de EEUU. Su trabajo es ocupar Afganistán. Dirigir una escalada de la Guerra. Una decisión a la que se opuso en un primer momento, precisamente por su conocimiento de la experiencia soviética.

La URSS estaba enfangada en una guerra en la que sus divisiones mecanizadas no servían para combatir a pequeños grupos de insurgentes que hacían la guerra a tiempo parcial, cuando no tenían que cultivar, sembrar o recoger la cosecha. Ante su fracaso, Moscú había optado por el genocidio: matar al mayor número de afganos posibles por medio de gigantescos bombardeos. Porque, dado que una guerrilla se mueve entre la población civil «como pez en el agua», en palabras de Mao Zedong, si matas a los civiles, los peces se ahogan. Pero esa estrategia no estaba funcionando. Moscú quería irse de Afganistán. Y para ello debía dejar el país en orden.

En ese contexto, los generales acababan de pedir al nuevo secretario general del Partido Comunista, Mijaíl Gorbachov, una escalada de la guerra. Así lo explica Gates en sus memorias, Desde las sombras: «Los soviéticos tenían claramente que reforzar sus fuerzas o irse. Porque no estaban ganando». Gorbachov optó por una triple estrategia: un aumento limitado de tropas, un envío masivo de Fuerzas Especiales, que son más móviles y flexibles que las convencionales, y más gasto en el desarrollo económico de Afganistán. Porque, como decían los generales soviéticos, «a los afganos no se les puede derrotar, pero se les puede comprar».

Es, exactamente, lo que Obama decidió. Aunque con ventaja sobre Gorbachov. Los actuales insurgentes están peor armados que sus predecesores y son de la etnia pastún. El resto de los afganos, que suponen un 60% de la población, no están alzados en armas.

La escalada soviética fue un éxito relativo. Afganistán no fue pacificado, pero la mezcla de bombas y sobornos apuntaló al Gobierno comunista, del mismo modo que ha funcionado en Irak bajo la ocupación de EEUU. El régimen afgano aguantó hasta abril de 1992, cuatro meses después de que la URSS dejara de existir. Una parte apreciable de los comunistas acabaron en los talibán. Y Gates ha pasado de ayudar a la resistencia a ser el jefe de los ocupantes. Así es el reino de la insolencia.

Pablo Pardo

martes 29 de diciembre de 2009

BARROSO Y EL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO

monnet LA CONSTRUCCIÓN federal de Europa es el más noble empeño político de la hora presente. Este horizonte, vivo e iluminado, tiene para los españoles un especial valor porque sólo desde una Europa federal se puede corregir la frívola originalidad confederal en que se está convirtiendo España. Jean Monnet, en sus jugosas Memorias, se acoge insistentemente a la referencia federal lo que se explica porque él engendra su sueño europeo a la vista de la realidad norteamericana y de la impresión que le causa el funcionamiento de aquella República.

Es muy probable que si Jean Monnet no hubiera andado vendiendo coñac a los 20 años por tierras americanas, las instituciones europeas hoy no existirían. Para él se trataba -según su pensamiento tantas veces citado- de unir hombres, no simplemente coaligar estados y de «impedir la reconstrucción de los nacionalismos», el gran peligro del siglo XX, cuyas trágicas lecciones en España nos empeñamos en ignorar jugando como estamos a crear naciones y Estados de bolsillo.

Hoy, cuando el tiempo nos ha ofrecido ya sobradas muestras de sus modales tiranos, se trata de afrontar esa realidad europea esforzándonos por inyectar nuevas ambiciones al edificio que se ha ido construyendo en los últimos decenios. Porque, tal como explica en un reciente ensayo Amin Maalouf (Le dérèglement du monde, Ed. Grasset, 2009), «hemos entrado en el nuevo siglo sin brújula».

No se trata de despertar las viejas pesadillas milenarias sino de advertir que un mundo se apaga a nuestros ojos, que las luces que nos han iluminado temblequean y desfallecen, que el navío aparejado en tantas batallas cruentas a lo largo de los siglos de la modernidad se encuentra en buena medida a la deriva, falto de pilotos y falto sobre todo de una carta de navegación adecuada a los nuevos tiempos, plenos de desafíos. Por eso se producen movimientos formidables de adhesión a determinadas personas, caso de Obama, porque las poblaciones están ansiosas de identificarse con alguien que, con mano firme y gesto convencido, acierte a señalarles el camino.

Nos hallamos en una situación internacional en parte desconocida porque el mundo ha perdido el sistema aglutinador de los pueblos establecido en la pasada centuria. Los tratados de paz de Westfalia crearon las certezas por las que se condujeron los estados a partir del XVII como luego ocurrió con la obra que los diplomáticos pusieron en pie en Viena cuando pasó el vendaval napoleónico. El siglo XX tuvo que volver a zurcir un orden y lo hizo con la Sociedad de Naciones, saldadas con un enorme fracaso (las enseñanzas que ofrecen las Memorias de Madariaga nadie debería desoírlas), y la experiencia de su sucesora, las Naciones Unidas, ya emite señales de inequívoco abatimiento porque hay continentes que se desperezan y piden abono para asistir a las representaciones donde los grandes deciden la marcha del universo, y porque el mundo bipolar creado tras la segunda guerra mundial se evaporó cuando los alemanes pudieron saltar el muro, aquella jaula donde disfrutaron a sus anchas de los magníficos logros de la sociedad comunista.

El principio del equilibrio entre las potencias, ganado a golpe de sangre y después de finuras diplomáticas, ha sido arrinconado y, tambaleante, se halla a la búsqueda de una fórmula que le permita alcanzar de nuevo la posición erguida.

El genio humano ha de dar con ella, como ha de formular las nuevas utopías, sin las cuales el mundo no se concibe porque esas -las utopías- nos mueven e impulsan a la búsqueda de renovadas expresiones de la justicia, de la solidaridad, de la libertad, los grandes anhelos que, si nunca son completa realidad, es porque saben mantener, como una joven pudibunda, el poder seductor de lo inalcanzable. Sépase que sin utopías el mundo es una oficina donde se aplican reglamentos y se firman nombramientos.

El universo se organizará -se está organizando ya- en conjuntos amplios que han de acoger a países pletóricos, es de ahí de donde saldrá el orden internacional de mañana, ese en el que pensamos pero que no acabamos de ver ni de dar con sus claves secretas. Estamos ante una nueva estirpe de potencias que son económicas pero, además, y esto es lo singular, que aportan nuevos modelos de convivencia política con prestigio creciente en cuanto ofrecen fórmulas donde se emulsionan viejas recetas del capitalismo, que se asilvestra, con refinadas modalidades de dictadura política, enriquecidas por las filigranas que aporta la revolución técnica. No hay fin de la Historia sino inicio de una nueva historia, acaso la superación de la Prehistoria en la que hemos vivido hasta ahora sin saberlo.

Y Europa ¿qué pinta en todo esto? Pues Europa ha de buscar su puesto definiendo y definiéndose. Es decir, ha de buscar sus propias fronteras porque si Europa quiere ser todo, Europa no será nada. Europa ha de defender los valores que ha sabido crear en la incubadora de las revoluciones, de los libros que han escrito sus mentes lúcidas y de los sollozos de sus pueblos, y estos valores son la libertad, el imperio de la razón, la laicidad y la fraternidad, hoy concebida como solidaridad. Si Michel Rocard sostenía que Europa es «democracia más seguridad social», yo me permito puntualizar diciendo que es «democracia más servicios públicos».

Ostenta además Europa el privilegio de ofertar una cultura común viva y visible, tejida a base de contradicciones que es como se teje todo lo que merece la pena (¿qué es la vida sino la administración sabia de las contradicciones?). Contradicciones que se reflejan en su curiosidad intelectual, en su gusto por las aventuras planetarias, por la acción, también en su arrogancia y su brutalidad. Como ha escrito bellamente Élie Barnavi en una obra imprescindible (L'Europe frigide, 2008, editado por André Versaille) Europa ha llevado «la cabeza en las estrellas y los pies en la sangre» y de ahí nace la necesidad de que se acepte su legado histórico como un todo sin que nos veamos obligados a sentirnos fascinados por todas las partes de ese todo. Cada valor europeo contiene su negación y menos mal porque los valores, llevados a lo absoluto, nos deparan las peores monstruosidades. Goya acertó a expresarlo con la sencillez iconoclasta del genio.

EUROPA, en fin, ha de ser muy consciente de que no es una nación. Ni falta que le hace. Precisamente es de este déficit de donde ha de tomar fuerza e impulso para explotar a fondo la riqueza de sus influencias múltiples y desechar con displicencia -pero con pleno conocimiento de causa- esa pasión colectiva trufada de exclusivismos -y chorreante de sangre- que es la propia de los nacionalismos.

Si lo que tenemos delante es, por lo que he tratado de explicar, la última provocación de la historia, desanima ver la forma en que se ha elegido al presidente de la Comisión en el Parlamento europeo hace unos días. Contaba Barroso con el aval de la unanimidad de los jefes de Estado y de Gobierno. Se han comportado estos igual que lo hacían los príncipes en el Sacro Imperio Romano Germánico cuando de la elección del emperador se trataba: con pocas excepciones posaban su vista aquellos barbados y enjoyados varones en el menos molesto, el más mediocre y el que menos amenazaba sus poderes territoriales. Barroso es un emperador magnífico porque se pliega con exquisitos y camaleónicos modales a los intereses de los Estados. Yo he votado contra él porque el programa que presentó es un amasijo de palabrería funcionariesca.

El papel del socialismo europeo ha sido lamentable: nadie de sus bien abultadas filas ha aceptado el desafío de presentarse como candidato para explicarnos cuál es la Europa que los socialistas tienen en la cabeza frente a la flácida y oportunista de Barroso.

Francisco Sosa Wagner, Catedrático y Eurodiputado de UPyD.

lunes 28 de diciembre de 2009

LA RECUPERACIÓN DE LA AUTORIDAD

sumision EL TEMA de la autoridad en la familia y en el sistema educativo inquieta desde hace decenios. Esperanza Aguirre ha vuelto a llamar la atención sobre él, prometiendo una ley que otorgará al profesor-funcionario la calidad de «autoridad pública», para protegerle así de los ataques de padres y alumnos. Me parece muy bien. Al menos ha hecho algo. Pero pensar que ésa es la solución sería lo mismo que decir que el problema de la autoridad de los padres está resuelto porque el artículo 154 del Código Civil dice que los hijos «deben obedecer a los padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre». La cuestión está en cómo exigir o conseguir el cumplimiento de esa obligación.

Vivimos en una sociedad permisiva, después de haber vivido durante decenios en una sociedad autoritaria. Y comenzamos a sentir miedo. Por todas partes se lamenta la hipertrofia de derechos y la atrofia de deberes, y se reclama la recuperación de la autoridad como panacea. Sarkozy hizo de ello el centro de su programa, abominando de mayo del 68 y de su prohibido prohibir, y el fervor con que se aceptó su propuesta alarmó a un gran sector de la ciudadanía francesa, que vio levantarse el fantasma de un autoritarismo democrático de nuevo cuño. No olvidemos que dentro del estúpido reparto de valores llevado a cabo entre las ideologías políticas, la autoridad se atribuye a la derecha y la libertad a la izquierda. Lo tacho de estúpido porque plantea un maniqueismo dificilmente vivible, ya que ambos valores van coordinados. Ante tales confusiones, hace falta una profunda elaboración intelectual del problema y de sus soluciones. Sin entusiasmos ni ataques precipitados. No podemos reclamar autoridad si no sabemos qué autoridad estamos reclamando. Con frecuencia, al hacerlo, sólo se pide «mano dura», «orden» y «disciplina», y esto tiene poco que ver con la verdadera autoridad.

La preocupación por la quiebra de la autoridad es intensa y universal. Alain Renaut en Le fin de l'autorité considera que es «una crisis estructural de las democracias, una crisis de legitimidad sin precedentes», y Hannah Arendt afirmaba que «si se pierde la autoridad, se pierde el fundamento del mundo». ¿Es sensato tanto alarmismo? Lo que es sensato, ante todo, es aclarar el término. Pongámonos manos a la obra.

El concepto de autoridad apareció en Roma como opuesto al de poder. El poder es un hecho real. Una voluntad se impone a otra por el ejercicio de la fuerza. En cambio, la autoridad está unida a la legitimidad, dignidad, calidad, excelencia de una institución o de una persona. El poder no tiene por qué contar con el súbdito. Le coacciona, sin más, y el miedo es el sentimiento adecuado a esta relación. En cambio, la autoridad tiene que despertar respeto, y esto implica una aceptación, una evaluación del mérito, una capacidad de admirar, en quien reconoce la autoridad. Una muchedumbre encanallada sería incapaz de respetar nada. Es desde el respeto desde dónde se debe definir la autoridad, que no es otra cosa que la cualidad capaz de fundarlo. El respeto a la autoridad instaura una relación fundada en la excelencia de los dos miembros que la componen: quien ejerce la autoridad y quien la acepta como tal.

Éste es el sentido que aún conserva la palabra en expresiones como «es una autoridad en medicina». Y es el que se ha perdido, por ejemplo, cuando se dice que un policía es representante de la autoridad. Esto sólo ocurre cuando el poder es legítimo y digno, porque en una tiranía la policía es sólo un representante del poder, de la fuerza. Ocurre lo mismo con la autoridad del Estado. Sólo la tiene cuando es legítimo y justo; de lo contrario es un mero mecanismo de poder. No lo olvidemos: el concepto de autoridad nos introduce en un régimen de legitimidad, calidad, excelencia, dignidad. Por eso tenía razón Hannah Arendt al decir que si desaparecía, se hundían los fundamentos del mundo. Al menos, del mundo democrático, que es al que ella se refería.

La autoridad es, ante todo, una cualidad de las personas, basada en el mérito propio. A ella se refería el emperador Augusto en una frase famosa: «Pude hacer esas cosas porque, aunque tenía el mismo poder que mis iguales, tenía más autoridad». Sin embargo, por extensión, se aplica a las instituciones especialmente importantes por su función social: el Estado, el sistema judicial, la escuela, la familia. En este caso, la autoridad no es el ejercicio del poder, sino el respeto suscitado por la dignidad de la función. Y esa dignidad obra de dos maneras diferentes. En primer lugar, confiere autoridad a quienes forman parte de esa institución, para que puedan realizar sus tareas. Por ello, todos los jueces, padres o profesores merecen respeto «institucional». Pero, a su vez, esa dignidad conferida por el puesto, les obliga a merecerla y a obrar en consecuencia. Forma parte de su obligación profesional, podríamos decir.

Como se ve, el modelo conceptual de la autoridad nos integra a todos en un modelo de la excelencia y el mérito. Por eso todas las sociedades torpemente igualitarias acaban rechazando la autoridad en este sentido, porque les cuesta aceptar las diferentes jerarquías de comportamientos y consideran que respetar a alguien es una humillación antidemocrática. Se instala así una democracia vulgar, basada en el poder, en vez de una democracia noble, basada en la calidad y el respeto, y, por eso, tiene razón Alain Renaut en el texto que cité al principio. La crisis de autoridad es una crisis de la democracia.

APLIQUEMOS esto a casos concretos. Volvamos a la escuela. Lo primero que hay que hacer es fomentar el respeto por la institución educativa. Su autoridad institucional deriva de la importancia y legitimidad de su función social. Y de ella, a su vez, procede la autoridad conferida a los que deben cumplir esa función: los maestros y profesores. Espero que la Ley propuesta por Aguirre insista en este punto. Lo decisivo es proteger la escuela, prestigiarla, con todos los recursos estatales, porque de ahí deriva todo lo demás: la dignidad de la función docente, y la necesidad de que sus protagonistas puedan ejercerla debidamente. La escuela es un ámbito que debe ser especialmente cuidado y protegido -y querido- por la sociedad entera.

En segundo lugar, debemos poner en funcionamiento los mecanismos legales, económicos, pedagógicos, necesarios para que todos los que trabajan en el sistema educativo -desde los profesores a los conductores de los autobuses escolares- sientan que su misión es importante y respetada. Y, por último, los docentes deben reponder a esa dignidad, buscando continuamente la excelencia. La misma que pedimos a todos los profesionales que intervienen profundamente en nuestras vidas.

El modelo funciona también respecto de la institución familiar. Debemos comenzar reafirmando la importancia de la institución, que la hace merecedora de respeto por su función social. De esa función deriva la autoridad de los padres, lo que implica el apoyo legal, económico y educativo necesario para que la puedan realizar. Por último, esa autoridad exige a los padres que cumplan bien sus deberes, que busquen la excelencia parental. Podríamos decir cosas muy parecidas de la autoridad política y jurídica, lo que nos haría ser inevitablemente repetitivos. En ambos casos necesitamos una recuperación de la dignidad de la institución, una reafirmación de su función social y, a partir de ahí, exigir la ejemplaridad, la excelencia a los encargados de realizarla.

Como ven, la recuperación de la autoridad no quiere decir sin más recuperación del orden y la disciplina, sino instauración de la excelencia democrática. La democracia no es un modo de vida permisivo, sino exigente, que, sin embargo, aumenta la libertad y las posibilidades vitales de todos los ciudadanos. A cambio nos pide un respeto activo, creador y valiente por todo lo valioso. La autoridad aparece así como el resplandor de lo excelente, que se impone por su presencia. Tal vez a esta relación se refería Goethe cuando nos recomendaba «desacostumbrarnos de lo mediocre y, en lo bueno, noble y bello, vivir resueltamente».

José Antonio Marina, Pedagogo y Catedrático de Filosofía

domingo 27 de diciembre de 2009

LOS LECTORES LO REHUÍAN POR SE PESIMISTA

onetti Una novela negra y un vaso de whisky en la mesilla, un retrato de Marcel Proust en la pared, una cama deshecha y, entre las sábanas, un cuaderno y un lápiz de mina dura con el que escribir... Así vivió el siglo XX Juan Carlos Onetti.

«¿Lo de la cama? Bueno, el famoso encierro de Juan en la cama no fue tan largo ni fue tan encierro. Hay mucha leyenda... Y tampoco hay que entenderlo como un gesto político o literario. Juan se pasaba el día en la cama porque le gustaba, porque era un perezoso terrible, como todos los Onetti». Así habla Dorothea Muhr, viuda del autor de La vida breve.

Era un hombre de una timidez terrible», recuerda Muhr. «Sólo aceptó dar una conferencia en 1974 [con 65 años], cuando llegó a España. Hubo que cambiar las invitaciones tres veces porque Juan tenía ataques de pánico y quería cambiar la fecha». Cuando por fin subió a la tarima, «dio la conferencia más rápida de la Historia, leyó a toda velocidad y salió disparado de la sala sin esperar al turno de preguntas».

La viuda de Onetti hace memoria junto a una pantalla en la que se puede ver la famosa entrevista del escritor en 1977, para TVE, con Joaquín Soler Serrano como interlocutor. En la cinta, Onetti habla poco. Informa de su timidez, se muestra contenido, denso, misterioso...

Y así, surge la vieja ilusión de todos los lectores del mundo: ¿era el autor como sus libros?

«En muchos sentidos, sí», contesta su viuda. «Por ejemplo, en la misericordia que sentía hacia sus personajes, incluso hacia los inmorales como Juntacadáveres. Él siempre comprendía a las personas».

Hay más zonas comunes. Está la fascinación por las prostitutas. «Cuando era un pibe pequeño, iba a ver a las chicas que traían de París a Montevideo. Las chicas, al final, acababan por invitarlo en algún rato libre. Y él lo observaba todo».

Y está el pesimismo, claro.

«Lo invitaron a Estados Unidos y se encontró con que los estudiantes lo rehuían porque les parecía demasiado pesimista. Qué se le va a hacer, Juan ha sido siempre un escritor para poca gente sin que sus textos sean especialmente difíciles... Y para menos gente cada vez, me temo. Más que nada, por cómo es la gente», explica la viuda de Onetti.

Hablemos de los amigos, como Julio Cortázar («eran amigos de cafés, de cuando Julio era profesor de instituto»). O de las devociones de Onetti. «Como lector, sus grandes pasiones fueron Faulkner, Céline y Proust. Además, fue un gran lector de poesía. Y también estaba la música: los últimos cuartetos de Beethoven, Chaikovski... Una vez le enseñaron a teclear al piano cuatro notas de Chaikovski y le hizo una ilusión de niño pequeño».

Un escritor en la cancha, un preso en el manicomio

A Juan Carlos Onetti no le hizo falta ser un revolucionario para ser un prisionero político durante el otoño de las dictaduras de 1974. «Fueron a por él porque había presidido un jurado de un premio de novela en el que salió ganadora una historia sobre un guerrillero tupamaro al que maltrataban», cuenta Dorothea Muhr, la viuda del escritor.

Al principio, las autoridades militares que lo tenían preso no tenían ni idea de quién era el tal Onetti. «Empezaron a llegar telegramas que solicitaban su liberación y los militares ponían cara de ¿pero quién es este hombre?», recuerda Muhr. Mientras tanto, el escritor permanecía «en el Cilindro», una cancha de deportes de Montevideo que servía como campo de reclusión.

«Lo pasó muy mal. No comía, no dormía... Bueno, en realidad Juan no durmió bien nunca», explica la viuda de Onetti. Por fin, los militares comprendieron que tener detenido al escritor dañaba su imagen y se lo llevaron a un psiquiátrico. «Eso a él le hizo mucha gracia». Después llegó la liberación y el exilio en España.

sábado 26 de diciembre de 2009

RUSIA Y LOS PELIGROS DE LA MEMORIA HISTÓRICA

victoria YAROSLAVL no es un nombre que venga a los labios de inmediato, pero en Rusia es un nombre que huele a Historia. Situada hacia el norte de Moscú, en tiempos medievales era la segunda ciudad más rica y poderosa de Rusia. Es el hogar del famoso monasterio Spassky, que todos los estudiantes de la Historia de Rusia conocen. Las tradiciones históricas de Yaroslavl han sido, con toda probabilidad, la principal razón por la que a principios de septiembre se la eligió como lugar para una conferencia especial dirigida por el presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, y celebrada (sin duda deliberadamente) en el día de su cumpleaños.

La conferencia tenía algunos rasgos característicos que la prensa occidental parece haber ignorado. Primero, fue anunciada como una conferencia internacional, con la intención (expresada por el presidente en su discurso de apertura) de competir con Davos como lugar de encuentro para el debate económico. Pero los detalles que he podido encontrar en la prensa rusa muestran poca evidencia de un alcance «internacional». Aparte de mi antiguo colega Immanuel Wallerstein, quien se encuentra ahora en Yale University, había pocos nombres de relevancia. Sólo hubo dos políticos occidentales: François Fillon, de Francia, y José Luis Rodríguez Zapatero, de España.

Segundo, la conferencia excluyó de manera deliberada a los que critican al Gobierno ruso. Sólo a personas aprobadas se les permitía entrar. Los oficiales del Kremlin explicaron que había invitaciones limitadas sólo para «figuras reconocidas de la oposición en la Duma del estado» y habían excluido a hooligans o extremistas.

Tercero, la conferencia dio su apoyo a conferenciantes que de forma abierta respaldaban la interpretación estalinista de la historia. Según el periódico ruso Pravda, algunos conferenciantes «elogiaban a Josef Stalin por su sensibilidad hacia los temas sociales, y los analistas rusos criticaron el estilo de democracia de Estados Unidos».

Al final del congreso, Rodríguez Zapatero, según informaba Pravda, «elogió encarecidamente a Medvedev por celebrar la conferencia y destacó el deseo de cooperar más estrechamente con Rusia». Este «elogio encarecido», se puede suponer, incluía respaldar la actitud del Gobierno ruso hacia la Historia. Puesto que el Gobierno español recientemente también ha dado su apoyo a una «memoria histórica» oficial socialista, que ha preferido ocultar las atrocidades que el Frente Popular de la Segunda República cometió contra las personas de España, y dar publicidad sólo a las atrocidades cometidas por los franquistas, sería interesante ver lo que el Gobierno ruso ha estado haciendo para mejorar su propia versión de una «memoria histórica».

En mayo de este año el presidente Medvedev estableció un comité de 28 expertos para salvaguardar «la verdad histórica», con la intención de «contrarrestar intentos de falsificar la Historia e intereses de Rusia». «Debemos luchar por la verdad histórica», declaró. Es significativo que casi todos los 28 así llamados expertos para la «comisión por la verdad histórica» no sean historiadores. La mayoría de los miembros son políticos y militares burócratas leales al régimen. Uno de ellos, Sergei Markov, un político, dijo: «Tenemos que escoger qué manuales de Historia dicen la verdad y cuáles mienten». Es una afirmación asombrosa, que hace temblar de miedo a cualquier historiador. La pregunta obvia es: ¿cuál es el motivo por este repentino interés en la «verdad histórica»?

La verdad es que Rusia está intentando defenderse de su propia Historia. El Gobierno está reaccionando en contra de los recientes giros habidos en los países que una vez fueron satélites de la Unión Soviética, y están ahora tratando de mirar hacia el pasado estalinista a través de sus propios ojos nacionalistas en lugar de a través de ojos soviéticos. Medvedev ha sido especialmente crítico con Letonia, Estonia, Polonia, Ucrania y Georgia, todos los cuales han condenado las atrocidades rusas en sus países y han tomado medidas para reescribir su Historia nacional.

Los polacos, en particular, han declarado públicamente este año que el pacto Molotov-Ribbentrop de 1939, que permitió a Rusia la ocupación de la mitad de Polonia, y la subsiguiente masacre de 20.000 oficiales militares polacos, fue una causa directa de la Segunda Guerra Mundial. Eso haría a Stalin tan culpable como Hitler de causar la guerra.

Los líderes rusos han condenado esta opinión como una mentira. La reacción oficial se puede ver en un artículo que escribió este verano el coronel Sergei Kovalov, del Instituto de la Historia de la Guerra en el Ministerio ruso de Defensa, bajo el título Historia contra mentiras y falsificación. En el artículo, Kovalov culpaba a Polonia del estallido de la guerra, y declaraba que las demandas de Hitler sobre Polonia eran «moderadas». Stalin, afirmaba, firmó el pacto con Alemania ex profeso para evitar la guerra.

Los rusos encaran un formidable obstáculo, porque ahora todos sus vecinos independientes guardan amargas memorias del gobierno socialista. El presidente ucraniano Viktor Yushchenko viene presionando a su Parlamento para que declare las hambrunas de principio de los años 1930, provocadas por la campaña de Stalin por la colectivización de granjas, un acto de «genocidio» (holodomor) de los soviéticos contra el pueblo de Ucrania. Los georgianos han abierto dos museos sobre la ocupación soviética de su país. Y en Estonia han trasladado un monumento conmemorativo a las tropas soviéticas fuera del centro de la capital.

La propuesta nueva ley para proteger la memoria histórica de Rusia especifica que cuestionar el papel del régimen de Stalin en la guerra, será castigado con una fuerte multa o sentencia de tres meses de cárcel. Es interesante como una y otra vez la palabra «soviético» aparece en el debate. En mayo de este año, cuando se celebraba el final de la Guerra Mundial, Medvedev afirmó: «Nunca olvidemos que nuestro país, la Unión Soviética, contribuyó decisivamente al desenlace final de la Segunda Guerra Mundial, que fue precisamente nuestra gente quien destruyó el nazismo y determinó el destino del mundo entero».

POR SUPUESTO, Rusia todavía no ha logrado controlar la manera de escribir su Historia. Un periódico ha condenado la propuesta como de «grotesca». Los libros que critican el pasado estalinista circulan con libertad. Pero Stalin se introduce lentamente en algunos manuales de historia, en los que se le describe como un «eficiente dirigente». La policía ha registrado las oficinas de grupos que investigan los crímenes de Stalin, y un oficial del Kremlin condenó a uno de estos grupos por cuestionar la «gloriosa memoria» de la Unión Soviética. Un importante historiador ruso afirma: «Me temo que la comisión será utilizada como caza de brujas y ajuste de cuentas».

Comentando estas tendencias en Rusia, me gustaría citar de un artículo en el The St. Petersburg Times, del periodista y antiguo diputado de la Duma, Vladimir Ryzhkov, que señala que el Gobierno ha bloqueado el acceso a archivos delicados sobre materias como los crímenes de la Unión Soviética durante la guerra o la deportación de nacionalidades. Afirma: «Los historiadores estiman que el número de víctimas sólo en la Era Stalin se aproxima a 60 millones de personas; la cifra exacta es difícil de precisar, y los archivos inmovilizados harán aun más difícil llegar a la verdad». Su argumento es muy sencillo: si el Gobierno cree que otros países están distorsionando la verdad, ¿por qué no hacer asequibles los documentos pertinentes, de manera que la verdad pueda darse a conocer?

No señalemos con el dedo sólo a Rusia. En España, también, el control de la «memoria» ha sido activo durante largo tiempo, durante la dictadura de Franco, y sin interrupción desde entonces hasta ahora. En Cataluña el fixing de la Historia ha sido financiado de manera sistemática por la Generalitat. Los programas de TV3, financiados obviamente por el poder, subrayan el sufrimiento de las víctimas del fascismo pero guardan un silencio total sobre el asesinato de miles por la República. En Madrid el Gobierno actual ha apoyado activamente una presentación sumamente parcial del pasado. No es, pues, sorprendente que cuando Rodríguez Zapatero fue a Yaroslavl cumplimentara «encarecidamente» a Medvedev. Cuando los gobiernos empiezan a hablar de una «memoria histórica» podemos estar seguros de que están planeando silenciar el derecho de buscar con libertad la verdad. Están planeando imponer una especial «memoria» dictada por el estado. En Yaroslavl o en Madrid, el problema es el mismo, y la obligación de los historiadores de luchar por una verdad independiente se hace más fuerte que nunca.

Henry Kamen

viernes 25 de diciembre de 2009

WOJCIECH JARUZELSKI

ARCHIWALNE WOJCIECH JARUZELSKI El general Wojciech Jaruzelski duerme cada noche con dos soldados a la puerta de su casa y casi un centenar de muertos en su conciencia. El último líder comunista de Polonia genera enorme controversia por la ley marcial que instauró en 1981 para aplacar las revueltas de la oposición. Fue un comunista duro, pero también una de las manos que desmontó el régimen después. En 1990 abandonó voluntariamente el poder para permitir la celebración de los primeros comicios libres, que ganó Lech Walesa. Los intentos de que un tribunal le haga pagar por medio centenar de muertes documentadas y decenas de miles de detenidos han caído en saco roto por culpa de su edad. Polonia celebra este año sus 20 años de democracia, pero Jaruzelski no se arrepiente de nada.

Pregunta.- La imagen que queda de usted es la de un militar anunciando ante las cámaras la supresión de derechos de forma cautelar. ¿Qué pasaba por su cabeza en esos momentos?

Respuesta.- Fueron horas muy difíciles para mí, antes de dictar la ley marcial incluso pensé en suicidarme. Sabía que tenía que tomar una decisión y hasta hoy estoy pagando el precio. Pero no lamento haberlo hecho, porque a la larga Polonia salió ganando. El mundo estaba dividido en dos bloques antagónicos y mi país estaba en una zona estratégica.

P.- Usted siempre se ha escudado en la necesidad de evitar una intervención rusa como la que padeció Checoslovaquia. ¿Puede citar alguna amenaza directa de intervención por parte de la URSS?

R.- La desestabilización de Polonia habría roto el equilibrio entre los dos bloques, como ocurrió en Cuba en 1962 con la instalación de misiles soviéticos. La URSS estaba dispuesta a intervenir y había una coyuntura de rumbo peligroso: la anarquía de los líderes sociales y los disturbios hacían imposible que la gente pudiese vivir y conducían a la catástrofe. La ley marcial evitó esto. Fue el mal menor, pero mal al fin y al cabo.

P.- Usted intentó reformar el comunismo desde dentro. ¿Cree que esa ideología puede aplicarse en un sistema democrático?

R.- En los años 60, y no en Europa del Este, sino en EEUU y Occidente, nació la idea de convergencia de los dos sistemas, tomando lo mejor el uno del otro. Fue imposible, pero los intelectuales se movían en esta dirección. En todo caso depende de lo que entienda por comunismo: si tomamos la definición de Marx, entonces sólo lo encontramos en los kibutz de Israel. Los otros procesos políticos, el estalinismo entre ellos, no hacían sino partir de esta bella idea como base. Desde luego que si se toma la versión más radical el resultado es impracticable. Pero es posible transformar el comunismo de manera pacífica, como en Polonia. Un ejemplo de esa simbiosis está en países escandinavos como Suecia: sobreviven ideas de Marx, como el preocuparse por las personas, pero manteniendo el libre mercado.

P.- ¿Fueron los polacos los menos comunistas de Europa?

R.- Aquí el anticomunismo está alimentado por nuestra propia historia: la partición del país por los zares. Y a partir de ahí, como el comunismo nació en Rusia, la actitud antirrusa devino en anticomunista. Las amenazas soviéticas a nuestra independencia en 1920 fueron otro elemento que nos hizo impermeables al comunismo.

P.- Usted fue criado en una familia católica y pudiente, e incluso fue deportado a Siberia por los soviéticos. ¿Cómo acabó de líder comunista?

R.- Yo fui educado en este sentimiento anticomunista, especialmente fuerte en los años más duros del estalinismo. Existe un dicho polaco: sólo las vacas no cambian de opinión. Nunca dejé de evolucionar y pensar en cómo el comunismo podía acabar con las desigualdades.

P.- Y ahora se define como un socialdemócrata, y hasta le parece bien que su país esté en la OTAN. Es un viaje largo desde el comunismo.

R.- Lo mismo ocurre con la socialdemocracia: yo fui un hombre del sistema anterior, eso que usted llama comunismo, pero que yo creo que es mucho decir. Gradualmente la realidad me ha hecho socialdemócrata.

P.- Después de tratar con líderes soviéticos como Breznev, ¿cuándo se dio cuenta de que Gorbachov era algo distinto a todo lo anterior?

R.- Breznev reflejaba la vieja manera de entender el mundo, era el equivalente a un fósil. Gorbachov empezó una nueva era. Desde el principio él y yo estuvimos de acuerdo en que había que hacer reformas profundas y hallamos resistencia.

P.- ¿Cree que Gorbachov fue víctima de sus reformas?

R.- Como líder de la URSS recibió críticas porque supuestamente los polacos íbamos muy rápido en nuestros cambios, y eso que no habíamos llegado a las negociaciones de la famosa Mesa Redonda. También puso en marcha una política muy impopular de reducir el tamaño del Ejército. El final de la Guerra Fría nos ayudó a continuar con las reformas, y aquí el papel de Gorbachov fue inmenso en un momento muy complicado: tuvo que afrontar muchos problemas económicos y mantenerse firme contra la escalada armamentística. Podría haber escogido otro camino, como el de China, y no lo hizo. Creo que su obra es un éxito.

P.- ¿En qué momento se dio cuenta de que el modelo que usted había impuesto no iba a durar mucho?

R.- Creo que fue después del referéndum que organizamos en 1987. Se nos consideraba un país totalitario, ¿pero qué régimen totalitario organiza un referéndum? ¡Y los resultados fueron adversos para nosotros! La pregunta era si reformar el comunismo pero a costa de varios años dolorosos, y no nos apoyaron. Entonces entendí que no puedes lograr un apoyo importante si no te respaldan ampliamente bastantes líderes políticos. Y eso sólo es posible en democracia. Esas reformas, muy dolorosas, se hicieron en 1990 y en 1991, con una caída enorme de los salarios y del empleo. Y la gente lo aceptó, porque la democracia actuó como anestesia de esa intervención.

P.- ¿Qué es lo que más le gusta del capitalismo?

R.- Las tiendas llenas de cosas.

P.- El presidente Kaczynski ha dicho que hay que depurar a los comunistas. ¿La sociedad polaca está tan dividida como sus políticos?

R.- La sociedad estuvo, está y estará dividida. Los historiadores tampoco se ponen de acuerdo sobre hechos mucho más lejanos en la historia de mi país, ocurridos hace siglos. El alzamiento contra los alemanes provoca distintas opiniones. Con la ley marcial que instauré ocurre algo similar, pero creo que la mayoría de la gente cree que está justificada. Pero al final, la biología hace su trabajo: siempre hay menos viejos que vivieron eso y más jóvenes que no fueron testigos. Y así se está llegando a una versión que no es favorable para mí a través de la propaganda.

P.- ¿Y qué pensará de usted la gente dentro de 100 años?

R.- No lo sé. Y no me importa.

Xavier Colás

domingo 20 de diciembre de 2009

GORRONES SIN FRONTERAS

Remoloneo en la cama. La tele dice que los misioneros sin crucifijo, pero con chalecos de coronel Tapioca, secuestrados en Mauritania siguen en paradero desconocido. Mi mujer, que es japonesa, exclama: ¡Menudo chollo! Los españoles pagáis al contado y, encima, convertís en héroes a esos pijos. Razón lleva. Pijos, caraduras, gilipollas y gorrones, añado. ¿Acció solidaria? No. Acción acciomamaria (de mamoneo). Lo de esa gubernamentalísima organización no gubernamental es como para clamar al cielo en el que sus frailes no creen. Pijos, porque basta verlos, saber quiénes son sus papis y pasar lista a los enchufes de los que viven. Caraduras, porque jeta de granito hay que tener para asegurar que es la misericordia -solidaridad, la llaman. Jerga progre- lo que los mueve. ¡Oh, cuánto sacrificio! ¡Qué entereza de ánimo la que los lleva a arrostrar las penalidades del turismo de aventura! Gilipollas, porque lo es en grado sumo todo el que piense que con unos cuantos camiones cargados de alubias, chocolatinas y preservativos va a sacar de apuros a millones de personas gobernadas por sinvergüenzas. Son éstos quienes se quedan con el cepillo. Y aunque así no fuese, ¿no sería más lógico cargar la ayuda en un mercante y entregarla en los puertos de destino a cualquier institución solvente (si existiera, lo que es dudoso) o depositarla en las huchas del Domund? Tres cuartas partes, como mínimo, del dinero recaudado por las oenegés laicas van a parar al pozo de los gastos de gestión y al sumidero de la corrupción. Añadan a eso los del viajecito de treinta y tantas personas -¡treinta y tantas!- enviadas desde Cataluña, a todo tren, a tan lejanos parajes y echen cuentas. ¿Es que no hay aquí pobres sin intermediarios a la vuelta de cualquier esquina? Y si el donante los prefiere de raza negra o circuncisos y con chilaba por mor del exotismo, no han de faltarle. En cuanto a lo de gorrones… Yo también me pongo a veces ridículos chalecos de coronel Tapioca, pero los pago de mi bolsillo. Si cruzo el Sáhara para revolcarme en las dunas y me descalabro o me voy al Índico a pescar atunes y doy en hueso, es sólo asunto mío o de los míos. ¡Ojalá los chupópteros sin fronteras regresen ilesos a sus camitas, pero confío en que lo sucedido sirva de escarmiento a esos tontainas y a quienes les consienten los caprichos! ¡Qué buenos son los politicastros mendicantes que nos llevan de excursión! Nunca viene mal una colleja propinada en el momento justo.

Fernando Sánchez Dragó

sábado 19 de diciembre de 2009

DAVID TRIMBLE

trimble LA PAZ EN EL ULSTER TIENE MUCHOS ROSTROS, PERO EL SUYO FUE UNO DE LOS PRIMEROS. GANO EL NOBEL EN 1998 Y PASO POR UN CALVARIO DE DESENCUENTROS EN LOS AÑOS SIGUIENTES. DESDE SU RETIRO DORADO EN LA CAMARA DE LOS LORES, HABLA DEL ULSTER MIRANDO DE REOJO AL PAIS VASCO


CARGO: Miembro de la Cámara de los Lores / ESTUDIOS: Derecho / EDAD: 63 años / AFICIONES: Los libros de Historia, la ópera y la música de Elvis / CREDO: Protestante / SUEÑO: Una Irlanda del Norte de paz y prosperidad

No le ha sentado mal la paz a David Trimble, ex primer ministro norirlandés (1998-2001) y Premio Nobel por su papel en los Acuerdos de Viernes Santo. Los años le han otorgado kilos y sorna y también un puesto en la Cámara de los Lores, que le mantiene ocupado tres o cuatro días a la semana y le obliga a llevar una vida de nómada entre Londres e Irlanda del Norte.

Líder de la comunidad unionista del Ulster y artífice junto a Tony Blair y al católico John Hume de la paz en el Ulster, mira ahora todo aquello con ironía y con cierta distancia, consciente de que su nombre está escrito ya para siempre en los libros de Historia. Ahora pertenece al Partido Conservador, aliado tradicional de los unionistas del Ulster, y reparte su tiempo entre el Parlamento, las preguntas de los periodistas y sus dos grandes aficiones: la música y la lectura.

Se presenta a la cita sin bombín pero con gabardina, envuelto por un Londres que sucumbe a uno de los días más miserables del otoño. Trimble se resguarda a duras penas del vendaval con un paraguas que esconde una inesperada sorpresa.

PREGUNTA.- ¡Ese paraguas es español! ¡Pone Paradores!

RESPUESTA.- Pues sí. Me lo dieron cuando estuve en Galicia, hace muchos años y la verdad es que ha salido bueno...

[La anécdota del paraguas podría ser el reflejo de su cabezonería pero también de su gusto por España, un país al que regresa de vez en cuando como conferenciante y homenajeado y al que siempre mira con el rabillo del ojo, sabedor de los símiles que a menudo se establecen entre el Ulster y el País Vasco. David Trimble habló sobre el pasado y el presente de su tierra y sobre la resolución de conflictos en general. Sus palabras son una hoja de ruta inmejorable para saber cuáles fueron los ingredientes del éxito norirlandés y tal vez para atisbar las luces y las sombras del proceso español]

P.- ¿Le hace gracia ver cómo crece su prestigio de pacificador?

R.- No sólo a mí. Los norirlandeses están muy sorprendidos por el entusiasmo con el que ha abrazado su nueva vida.

P.- Desde la firma de los acuerdos en 1998 hasta este año, ¿alguna vez pensó que todo se podía derrumbar?

R.- No. Nunca creí que pudiera haber una vuelta atrás. Antes de los Acuerdos de Viernes Santo, sí. Nunca después.

P.- ¿Por qué?

R.- Porque los republicanos no habían dejado la violencia por la bondad de su corazón. No fue una conversión. Lo hicieron porque vieron que no tenían ninguna posibilidad de éxito y porque sabían que una nueva campaña de atentados significaría sólo más muertos. También porque eran conscientes de que estaban penetrados por las fuerzas de seguridad. Ellos no le dijeron eso a sus bases, su explicación fue que dejaban las armas porque así conseguirían sus objetivos, pero no lo han hecho y no lo harán.

P.- ¿Cómo da uno el paso de confiar en los terroristas?

R.- Yo nunca di ese paso. Nunca he confiado en ellos. Se trataba de hacer negocios con ellos siendo conscientes siempre de que estaban saliendo de la violencia y de que si hacían bien esa transición arrastrarían a una parte muy significativa de la población que estaba detrás de ellos.

P.- Quiere decir que hay que ir con cuidado.

R.- Desde luego, porque había gente en el bando republicano que podía respaldar cualquier escisión violenta si las cosas no se hacían bien. Tener a Adams y a McGuinness defendiendo pacíficamente sus ideas en Stormont fue un paso muy importante.

P.- ¿Se puede dialogar con un grupo terrorista sin que se cumplan unas condiciones previas?

R.- Apresurarse a negociar con un grupo terrorista que está en activo sin poner unos requisitos previos es peligroso. Sucedió en 1972 en el Ulster y fue un desastre. Cuando la situación se volvió a dar a principios de los años 90, el Gobierno se movió de una forma muy cauta y puso ciertos requisitos y dejó claro también que el Gobierno iba a supervisar lo que saliera del diálogo. El proceso fue el resultado de algunos requisitos que el IRA debía cumplir, como la voluntad de no seguir con la violencia y el apoyo a vías políticas. El éxito de la paz en el Ulster no fue ni mucho menos el resultado de un diálogo incondicional con los terroristas.

P.- Hay mucha gente que defiende justo lo contrario: que el éxito norirlandés es el ejemplo de la importancia de dialogar pase lo que pase.

R.- Lo sé. Lo dice por ejemplo Peter Hain, el anterior ministro para el Ulster. Hain dijo este verano que el proceso del Ulster es un ejemplo de diálogo ilimitado e incondicional. No es verdad. Lo que dice esa gente es completamente erróneo y muy peligroso, porque si uno se apresura a negociar con los terroristas corre un riesgo muy real de que le salga el tiro por la culata. No estoy en contra de que se tomen iniciativas, pero es muy importante que estén muy bien planeadas y que se desenvuelvan en el contexto adecuado.

P.- Usted ha dicho en una ocasión que ser demasiado generoso con un grupo terrorista es como darle dulces a un niño malcriado...

R.- Por supuesto. La gente tiende a pensar últimamente que hay un asomo de racionalidad en un terrorista. Pero si pensaran de la misma forma que nosotros no estarían en una organización criminal. Viven en un mundo que sólo existe en su cerebro. Uno tiene que tener unos principios y unas líneas rojas muy firmes. No digo que haya que ser inflexible, pero demasiada flexibilidad puede ser contraproducente.

P.- Si uno habla públicamente con terroristas, ¿corre el peligro de legitimarlos?

R.- Desde luego. Eso ocurrió cuando Clinton recibió en 1995 a Gerry Adams en la Casa Blanca. Los estadounidenses creían que el gesto ayudaría a propiciar un alto el fuego. John Major pensaba exactamente lo contrario. Major creía que podía llevar a los republicanos a pensar que serían capaces de conseguir sus objetivos gratuitamente. Lo cierto es que los dos tenían razón en cierto sentido.

P.- ¿Qué hubiera hecho usted?

R.- Ningún Gobierno debería mantener encuentros formales con terroristas. Lo que sí deben hacer los gobiernos es asegurarse de que todos los sectores de la ciudadanía entienden cuál es su posición. Y ahí entran también los grupos que de alguna manera podrían respaldar a los terroristas. Pero el Gobierno debe ser en todo momento muy cuidadoso y exigir antes de sentarse a hablar el fin permanente de la violencia. De todas formas, esto no quiere decir que lo que ha funcionado aquí sirva para cualquier otra parte. Las circunstancias concretas lo son todo.

P.- De hecho, eso que ha dicho no sirve para el caso español. ETA dijo que su alto el fuego era permanente y ya ve.

R.- Es cierto. No fue permanente. Tengo la impresión de que gran parte del problema es que no hay un liderazgo coherente dentro de ETA y, probablemente, ni en el nacionalismo vasco en general.

P.- ¿Y en el Ulster?

R.- En el Ulster sí. Una de las cosas más interesantes en Irlanda del Norte es que en 1972, cuando el Gobierno intentó negociar con los republicanos, los negociadores del IRA eran precisamente Gerry Adams y Martin McGuinness. Eso lo dice todo.

P.- ¿Y por qué han durado tanto tiempo?

R.- Esto nos acerca a los métodos de los servicios secretos británicos. Una vez identificado el liderazgo terrorista, la táctica no era derribarlo, sino marcarlo de cerca y desbaratar sus operaciones.

P.- A un español le sorprende que el atentado de Omagh no rompiera los puentes con el Sinn Fein.

R.- La clave fue que el atentado no lo perpetró el IRA sino el escindido IRA auténtico. McGuinness y Adams no están detrás de él.

P.- Pero sí del de Canary Wharf en 1996.

R.- De ése sí. Y la situación fue muy complicada. El Sinn Fein fue apartado de las conversaciones y se dijo que no se le admitiría hasta que el IRA declarara de nuevo un alto el fuego.

P.- ¿Cree que hubiera sido posible el proceso de paz sin el respaldo de la oposición?

R.- Ha sido una práctica habitual en el Reino Unido que la oposición estuviera bien informada y eso le garantiza al Gobierno un cierto respaldo. Las posiciones no siempre son idénticas, hay diferencias, pero en general el Gobierno ha tenido un respaldo grande, entre otras cosas porque era el interés nacional lo que estaba en juego.

P.- ¿Por qué cree que el Sinn Fein terminó por entrar en el juego político?

R.- No lo sé. Los republicanos no estaban a favor de tener un Parlamento norirlandés, pero apenas supieron que iba a haberlo de todas formas cambiaron de opinión y ahí están. Creo que han aceptado ocupar sus escaños porque piensan que eso les acerca a sus objetivos políticos, aunque no tienen razón.

P.- Usted ha dicho que las negociaciones de 1972 naufragaron por su precipitación.

R.- Por supuesto. Fue todo cosa de un par de días. Creyeron que iban a cambiar todo el contexto en un tiempo récord. Es el mismo tipo de fraseología barata que tanto se escucha hoy y que viene a decir: «Hable con ellos y logrará cambiarles».

P.- Suele decir que comparar el del Ulster con otros conflictos es un pasatiempo muy popular. Supongo que no está al tanto de los detalles, pero como observador foráneo, ¿cómo ve la situación del País Vasco?

R.- No conozco muy bien los detalles, pero sí recuerdo el día en el que ETA declaró el alto el fuego permanente.

P.- ¿Creyó que iba en serio?

R.- Por supuesto. Lo creí. Todos lo creímos. En realidad, uno de los problemas es que ETA no tiene un liderazgo ni una estrategia coherente. El otro es que los nacionalistas vascos no tienen ningún objetivo definido.

P.- ¿A qué se refiere?

R.- Quiero decir que no termino de ver qué más puede hacer el Gobierno español para neutralizar las excusas de la violencia. Hay una autonomía muy amplia y hay oportunidades para que la gente participe en la vida política, algo que durante muchos años miles de católicos norirlandeses no podían hacer. ¿De verdad hablan en serio cuando aluden a un Estado independiente? ¿Dentro o fuera de la Unión Europea? ¿Defiende la independencia la mayoría de las personas que viven dentro de las fronteras del País Vasco? Por supuesto, la respuesta es no. Y ellos lo saben. Quienes defienden la independencia no viven en el mundo real.

¿Hubiera sido posible el proceso de paz con Gordon Brown en Downing Street?

- Bueno, es una pregunta interesante. De todas formas, si Blair no se hubiera convertido en el líder del Partido Laborista, no tengo nada claro que el elegido hubiera sido Brown.

Pero supongamos que él hubiera sido primer ministro en 1997. ¿Hubiera salido la paz adelante?

- No lo sé. Una cosa que la gente suele olvidar es que Blair tenía una relación familiar con Irlanda del Norte. Su madre procedía de allí. Tiene parientes que viven allí. Por otra parte, en el oeste de Escocia viven muchos norirlandeses y la gente entiende muy bien lo que ocurre en el Ulster. Pero Gordon Brown no es un producto del oeste sino del este de Escocia, que es muy diferente en este sentido. No estoy seguro de que Gordon hubiera estado a la altura. En realidad, no lo estoy de que esté a la altura del cargo que ocupa ahora (risas).

- ¿Qué papel deben desempeñar las víctimas en el fin de la violencia? En España muchos tienen la impresión de que son inevitablemente las perdedoras del proceso.

- Es complicado, sí. Nosotros tuvimos un programa por el cual algunos miembros del IRA salieron de la cárcel antes de cumplir su condena, pero quiero dejar claro que no hubo una amnistía. Hubo gente que fue encarcelada después del acuerdo por hechos que habían sucedido antes del mismo. Pero no hay duda de que éste es un punto clave. Lo que quieren las víctimas es que se recuerde su sufrimiento. Que no se olvide. Y tienen miedo de que los políticos, en su deseo por alcanzar el fin de la violencia, corran a negociar con los terroristas y dejen a un lado su sufrimiento. En mi opinión, en un proceso de paz tiene que haber cosas que hagan ver a las víctimas que su sufrimiento no ha sido en vano. Y que sean capaces de explicarles que el resultado del proceso ha valido la pena y que si hoy tenemos paz es en parte por el sufrimiento de sus padres, hermanos, familiares. Y sí, desde luego que es muy duro ver a personas que estuvieron envueltas en la violencia paseando por la calle.

viernes 18 de diciembre de 2009

EL AMIGO DEL PP QUE SOBREVIVE A ZAPATERO

Cuando Francisco González vendió en 1996 su FG Valores a Merrill Lynch por 12.000 millones de pesetas de entonces se encontró con tiempo libre para jugar a su deporte favorito: el golf. Tenía 51 años y la vida resuelta. francisco gonzalezAsí que casi al día siguiente de dejar la agencia de valores en la que había hecho fortuna se fue al campo a hacer unos hoyos. Al día siguiente también, pero una semana después el gallego lo tenía claro: lo de jugar al golf es divertido, pero no todo el tiempo. Tenía morriña de actividad, de moverse en la pomada del mundo financiero.

Así que su amigo Rodrigo Rato, recién llegado al poder, le ofreció la presidencia de la pública Argentaria y FG relanzó así su carrera profesional con el reto de privatizar el mayor banco del Estado. En 1999 la A de Argentaria fue absorbida por el BBV, pero González logró ser copresidente con Emilio Ybarra e incluso con perspectiva de convertirse en futuro presidente único. Ybarra anunció que se retiraría en 2002 para «permitir la renovación generacional».

FG despidió a Goiri al mismo estilo que Zapatero a Pedro Solbes: es necesario un cambio de ritmo. «Hay que avanzar con mayor celeridad hacia un modelo de crecimiento, aún más innovador y más eficiente», deslizaba el banco en su comunicado. Para eso el elegido es Ángel Cano, gonzalista hasta la médula desde Argentaria y, para más inri, nacido en Santander, la cuna del gran rival Emilio Botín. Goiri parece irse, no obstante, con mejor humor que su antecesor, Jesús Caínzos, que, tras dejar el cargo en 2003, nunca ha desmentido que preparó el famoso dossier de la CNMV para descabalgar a FG.

Para Zapatero, lo ocurrido plantea dos problemas: la continuidad de FG y la extemporánea indemnización a Goiri. La vida da vueltas y todo apunta a que el gallego no sólo logró resistir el asalto al banco en 2005 de Luis del Rivero, sino que va a sobrevivir a Zapatero, si pierde las próximas elecciones.

FG ha mejorado sus relaciones con Moncloa e incluso ha hecho las paces con su díscolo ex empleado en el banco, el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Pero el gallego no deja de ser considerado en el PSOE como «un amigo del PP», sobre todo en contraste con Botín, que no oculta su sintonía con Moncloa.

FG considera un escándalo que el Gobierno intentara derribarlo metiendo en el banco a una constructora como Sacyr, pero decidió no acudir a los tribunales y seguir sin enfrentamientos ni sometimientos al Gobierno.

Hace tres años, cuando ni siquiera soplaban estos vientos, llegó a los tribunales la indemnización del Santander a Ángel Corcóstegui y a José María Amusátegui con 150 millones en conjunto.

El problema no es sólo que estas cifras resulten obscenas en estos tiempos, sino que, como sucede en el BBVA, son aprobadas por el Consejo de Administración y no expresamente por la Junta de Accionistas. ¿Por qué? «La legislación española no recoge la figura de votación consultiva en junta», justifica el banco.

Carlos Segovia

domingo 13 de diciembre de 2009

AL MARTINO

martino Johnny Fontane fue a casa de Vito Corleone el día de la boda de su hija. Su voz de barítono, como un arroyo de aceite de oliva, silabeó una añeja balada italiana en honor a los recién casados. Cautivadas las mozas y abuelas, Fontane desfiló hacia el despacho de Don Vito para lloriquear por las miserias de su carrera artística. El actor que interpretaba a ese crooner en decadencia era Martino.

Fontane no abarcaba en la versión fílmica de El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972) tanto protagonismo como en la novela de Mario Puzo, pero el personaje le garantizó a Martino un lugar en el panteón de la cultura popular. Hito que jamás logró con su irregular trayectoria musical.

Martino, cuyo verdadero nombre era Alfredo Cini, nació en Filadelfia en 1927. De adolescente se alistó en la Marina y sufrió una herida de metralla en la batalla de Iwo Jima. A su regreso del Pacífico, Martino decidió probar fortuna como cantante, inspirado por su amistad con Mario Lanza, el tenor que en los 40 triunfaba en Hollywood.

Convencido de que podía emular las hazañas de Lanza, Martino se mudó a Nueva York, donde ganó un concurso de talentos de la CBS que le valió un contrato discográfico. Su primer sencillo se titulaba Here in my heart, un tema que Lanza desechó grabar ante las súplicas de Martino, que temía ver arruinado su debut por la competencia de su amigo. La canción escaló hasta la cima de las listas: era 1952 y aquella misma semana se confeccionaba el primer listado de éxitos en Reino Unido: Martino logró el primer número de las islas británicas.

Propulsado por su fulgurante inicio, Martino se consagró en el estrellato infiltrando varios singles entre los más vendidos. Su trayectoria se estancó cuando una serie de problemas contractuales le obligaron a emigrar a Londres, donde fracasó por la pérdida de audiencia italoamericana.

A su regreso a EEUU, sufrió para recuperar el cariño de un público fascinado por el emergente rock'n roll. Un álbum íntegramente en italiano y calculadas apariciones televisivas catapultaron nuevamente a Martino, que arrasaría con su versión de Volare o con la emblemática Spanish Eyes antes de ir difuminándose poco a poco. Terminó actuando en bares y casinos apoyado por Judi, su esposa. Su auge y caída como intérprete de canción ligera encajaba perfectamente con el Johnny Fontane de El Padrino, esa vieja gloria acabada y ahogada por las deudas y el alcohol.

En la película, Fontane acude a Don Vito para que le consiga un papel en Hollywood. El capo mafioso convence al productor colocándole una cabeza de caballo en la alcoba. ¿Y en la vida real? «Coppola no me quería», confesó Martino una vez. «Y no hubo cabeza de caballo, pero yo tenía mis armas… Acudí a mi padrino, Russ Bufalino». Aunque él no lo confesó nunca, Bufalino perteneció a la Cosa Nostra.

Al Martino, cantante y actor, nació el 7 de octubre de 1927 en Filadelfia (Pensilvania) y murió el 13 de octubre de 2009 en Springfield (Pensilvania).

sábado 5 de diciembre de 2009

LO MUSULMÁN EN EUROPA


Comprendo (más o menos) a Tariq Ramadán cuando afirmaba: «A los ciudadanos normales y corrientes se les hace muy cuesta arriba aceptar esta nueva presencia musulmana como un factor positivo.» Ramadán vinculaba la cuesta arriba de los ciudadanos con lo que llamaba “desagradables debates” en que el islam está implicado. Citaba algunos: «Violencia, extremismo, libertad de expresión, discriminación por sexo, matrimonios a la fuerza.» Desde luego, Ramadán debe reconocer que todo aquello que afecte a la libertad y a la vida no son debates pequeños. Y que cada uno de los debates que cita las afectan plenamente. Por lo tanto no parece descabellada la opinión pública europea cuando desconfía de los musulmanes. Todas esas cosas tandesagradables se hacen en nombre de Alá, aunque no dudo que también algunos actos bondadosos puedan hacerse invocándolo.


Sin embargo, creo que no es ésta la cuestión principal del debate y el fondo de la discrepancia europea, y aún del desdén, que detecta Ramadán. En realidad, y para ser sincero,auscultándome , yo, europeo, le pregunto a Ramadán. ¿Por que los musulmanes iban a ser un factor positivo? Un musulmán es un hombre definido por su fe y sólo por su fe. ¿En razón de qué el laicismo europeo debe admitir como “positivo” a alguien que viene con la sola tarjeta de visita de su creencia? ¿Es que admitiríamos que alguien se presentara en el espacio público diciendo, “soy católico, es decir soy un factor positivo.” Una de las grandezas de Europa,duramente conseguidas, es que la religión no abre las puertas del paraíso moral. La religión sólo es un factor, y discutible. Yo puedo aceptar, más allá de lageneralización equívoca, que Ramadán me dijera que la presencia árabe es positiva. Como si me dijera que lo es la china. Pero no alcanzo a ver en qué medida puedeserlo la aportación de una conducta definida por la religión.


Es probable que en el rechazo suizo a los minaretes haya el racismo y la intolerancia que algunos creyentes y algunos laicos suponen. Pero quizá haya también algo más sutil y resbaladizo, que merece tenerse un cuenta. Muchos europeos observan hoy las viejas iglesias cristianas con una intencióncompletamente desprovista de fe. Las observan, en lo que son también: puros objetos culturales. Una operación muy difícil con los minaretes. Y que se ha hecho difícil, incluso, con los propios restos de la arquitectura musulmana que pueblan España. En los minaretes nuevos y viejos sólo impera, despótica, la religión. Un factor intrínsecamente negativo para este europeo.

Arcadi Espada

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

MIS TROCITOS DE CANCIONES

"Déjame vivir
Libre
Libre como el aire
Me enseñaste a volar
Y ahora
Me cortas las alas.
Y volver a ser yo mismo
Y que tú vuelvas a ser tú
Libre
Libre como el aire
" Libre; Jarabe de Palo

"Hey, sólo pienso en ti
juntos de la mano, se les ve por el jardín
no puede haber nadie en este mundo tan feliz
sólo pienso en ti"
Solo pienso en ti; Victor Manuel

"Caminante son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nuncase ha de volver a pisar.
Caminante no hay caminosino estelas en la mar..." Caminante no hay camino; Joan Manuel Serrat

"Porque te quiero a ti
porque te quiero
mi voz se rompe
como el cielo al clarear.
Porque te quiero a ti,

porque te quiero
dejé los montes
y me vine al mar.
Tu nombre me sabe a hierba

de la que crece en el campo
a golpe de sol y del agua;
tu nombre me lleva atado
en un pliegue de tu talle
y en el bies de tu falda." Tu nombre me sabe a hierba; Joan Manuel Serrat

"A la primera persona que me ayude a comprender
pienso entregarle mi tiempo, pienso entregarle mi fe,
yo no pido que las cosas me salgan siempre bien,
pero es que ya estoy harto de perderte sin querer...
¿Dónde guardo la mirada que me diste alguna vez?
¿dónde guardo las promesas, dónde guardo el ayer?
¿dónde guardo, niña, tu manera de tocarme?
¿dónde guardo mi fe?" A la primera persona; Alejandro Sanz

"Ay, si tuvieras libertad,
A tu lado yo estaría amor,
Hey, dame, dame una señal,
Cuando seas libre mi amor." Manda una señal; Maná

"Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un dianos digan adios." Esos locos bajitos; Joan Manuel Serrat

"La mujer que yo quiero es fruta jugosa
prendida en mi alma como si cualquier cosa.
Con ella quieren dármela mis amigos
y se amargan la vida mis enemigos...
La mujer que yo quiero me ató a su yunta
para sembrar la tierra de punta a punta
de un amor que nos habla con voz de sabio
y tiene de mujer la piel y los labios." La mujer que yo quiero; Joan Manuel Serrat

"Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado que retoño
porque aún tengo la vida." Para la libertad; Joan Manuel Serrat

"Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
Las calles se confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así
Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo
No hay sueños imposibles ni tan lejos
Si somos como niños
Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreir..." Sin miedo; Rosanna

"Voy a hacer una fortuna
Con lo mucho que te quiero
Lo que mas vale en el mundo
No se compra con dinero
Voy a hacer una hopoteca
Y a empeñar el firmamento
Juego todo lo que tengo
En un cupon de sentimientos." Soñaré; Rosanna

"Soldadito marinero conociste a una sirena
de esas que dicen te quiero si ven la cartera llena
Escogiste a la más guapa y a la menos buena
Sin saber como ha venido te ha cogido la tormenta" Soldadito marinero; fito & fitipaldis

"Tu recuerdo sigue aquí
Ay como un aguacero
Rompe fuerte sobre mí
Ay pero a fuego lento
Quema y moja por igual
Y ya no se lo que pensar
Si tu recuerdo me hace bien o me hace mal." Tu recuerdo; Ricky Martin y La mala

"Si en tus ojos yo me miro
Si las palabras de tu boca, adivino…
¿por qué no estar contigo?
Siento sentirme tu amigo,
quiero dejarlo estar
me duele pensar
lo que pudo haber sido." Si tu quisieras; Efecto mariposa

"Cómo quieres ser mi amiga
si por ti daría la vida,
si confundo tu sonrisa
por camelo si me miras.
Razón y piel, difícil mezla,
agua y sed, serio problema.
Cómo quieres ser mi amiga
si por ti me perderia
si confundo tus caricias
por camelo si me mimas.
Pasión y ley, difícil mezcla,
agua y sed, serio problema...
Cuando uno tiene sed
pero el agua no está cerca,
cuando uno quiere beber
pero el agua no está cerca."Agua; Jarabe de Palo

"Ay amor que vienes tal como te vas,
es decir sin despedirte,
es decir sin avisar,
ay amor que te vas siempre como vienes,
enseñando bien los dientes,
al marcharte y al llegar." Ay amor; Revolver

"Grita fuerte qué esperas de mí, grítame qué esperas de mí
Ahora que estás sentada y sin reír y si es posible coincidir
Grita fuerte qué esperas de mí, grítame que esperas de mí
Ahora que estoy sentado y sin reír qué esperas de mí Y aunque el futuro a veces sea un mal trago duro de imaginar
Seguiré aquí sentado si es posible sin reír
Mientras tú gritas que esperas de mí
Mientras tú gritas que esperas de mí" Vidas; Revolver

"Aquí no regalan nada
todo tiene un alto precio
peldaño que vas subiendo,
peldaño que hay que pagar.
Aquí hay que bailarlo todo

sin perder jamás el paso
te suelen soltar la mano
si ven que hacia abajo vas.
Vuela amigo, vuela alto

no seas gaviota en el mar
Vuela amigo, vuela alto
no seas gaviota en el mar
La gente tira a matar
cuando volamos muy bajo
La gente tira a matar
cuando volamos muy bajo
Amigo aprovecha el viento

mientras sople a tu favor
que el aire te lleve lejos
cuanto más lejos, mejor." Vuela alto; Julio Iglesias

"Decidieron compartir melancolías
soledades y fantasmas a la par
miedos locos tristezas y alegrías
y juraron no engañarse nunca mas
decidieron vadear el ancho muro
que separa la mentira del perdón
y revolcarse en el olvido hasta borrar
las heridas de una espina envuelta en flor
Es mejor caminar que parar y ponerse a temblar..." Es mejor caminar; Revolver




"Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Y es que no hay droga más dura
que el roce de tu piel. " El roce de tu piel; Revolver


"Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano;
cuando miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros." Gracias a la vida; Violeta Parra

"Y como libro el corazon
Nos ensena que hay temor
Que Hay fracasos y maldad
Que hay batallas que ganar" Héroe; Il Divo

La chica de BUP casi todas
las asignaturas suspendió
el curso en que preñada
aquel chaval la dejó y cuando en la pizarra
pasa lista en profe de latín
lágrimas de desamor
ruedan por la página de un bloc
y en él escribe
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Pero quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón. Quien me ha robado el mes de abril; Joaquín Sabina

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