LA PAZ EN EL ULSTER TIENE MUCHOS ROSTROS, PERO EL SUYO FUE UNO DE LOS PRIMEROS. GANO EL NOBEL EN 1998 Y PASO POR UN CALVARIO DE DESENCUENTROS EN LOS AÑOS SIGUIENTES. DESDE SU RETIRO DORADO EN LA CAMARA DE LOS LORES, HABLA DEL ULSTER MIRANDO DE REOJO AL PAIS VASCO
CARGO: Miembro de la Cámara de los Lores / ESTUDIOS: Derecho / EDAD: 63 años / AFICIONES: Los libros de Historia, la ópera y la música de Elvis / CREDO: Protestante / SUEÑO: Una Irlanda del Norte de paz y prosperidad
No le ha sentado mal la paz a David Trimble, ex primer ministro norirlandés (1998-2001) y Premio Nobel por su papel en los Acuerdos de Viernes Santo. Los años le han otorgado kilos y sorna y también un puesto en la Cámara de los Lores, que le mantiene ocupado tres o cuatro días a la semana y le obliga a llevar una vida de nómada entre Londres e Irlanda del Norte.
Líder de la comunidad unionista del Ulster y artífice junto a Tony Blair y al católico John Hume de la paz en el Ulster, mira ahora todo aquello con ironía y con cierta distancia, consciente de que su nombre está escrito ya para siempre en los libros de Historia. Ahora pertenece al Partido Conservador, aliado tradicional de los unionistas del Ulster, y reparte su tiempo entre el Parlamento, las preguntas de los periodistas y sus dos grandes aficiones: la música y la lectura.
Se presenta a la cita sin bombín pero con gabardina, envuelto por un Londres que sucumbe a uno de los días más miserables del otoño. Trimble se resguarda a duras penas del vendaval con un paraguas que esconde una inesperada sorpresa.
PREGUNTA.- ¡Ese paraguas es español! ¡Pone Paradores!
RESPUESTA.- Pues sí. Me lo dieron cuando estuve en Galicia, hace muchos años y la verdad es que ha salido bueno...
[La anécdota del paraguas podría ser el reflejo de su cabezonería pero también de su gusto por España, un país al que regresa de vez en cuando como conferenciante y homenajeado y al que siempre mira con el rabillo del ojo, sabedor de los símiles que a menudo se establecen entre el Ulster y el País Vasco. David Trimble habló sobre el pasado y el presente de su tierra y sobre la resolución de conflictos en general. Sus palabras son una hoja de ruta inmejorable para saber cuáles fueron los ingredientes del éxito norirlandés y tal vez para atisbar las luces y las sombras del proceso español]
P.- ¿Le hace gracia ver cómo crece su prestigio de pacificador?
R.- No sólo a mí. Los norirlandeses están muy sorprendidos por el entusiasmo con el que ha abrazado su nueva vida.
P.- Desde la firma de los acuerdos en 1998 hasta este año, ¿alguna vez pensó que todo se podía derrumbar?
R.- No. Nunca creí que pudiera haber una vuelta atrás. Antes de los Acuerdos de Viernes Santo, sí. Nunca después.
P.- ¿Por qué?
R.- Porque los republicanos no habían dejado la violencia por la bondad de su corazón. No fue una conversión. Lo hicieron porque vieron que no tenían ninguna posibilidad de éxito y porque sabían que una nueva campaña de atentados significaría sólo más muertos. También porque eran conscientes de que estaban penetrados por las fuerzas de seguridad. Ellos no le dijeron eso a sus bases, su explicación fue que dejaban las armas porque así conseguirían sus objetivos, pero no lo han hecho y no lo harán.
P.- ¿Cómo da uno el paso de confiar en los terroristas?
R.- Yo nunca di ese paso. Nunca he confiado en ellos. Se trataba de hacer negocios con ellos siendo conscientes siempre de que estaban saliendo de la violencia y de que si hacían bien esa transición arrastrarían a una parte muy significativa de la población que estaba detrás de ellos.
P.- Quiere decir que hay que ir con cuidado.
R.- Desde luego, porque había gente en el bando republicano que podía respaldar cualquier escisión violenta si las cosas no se hacían bien. Tener a Adams y a McGuinness defendiendo pacíficamente sus ideas en Stormont fue un paso muy importante.
P.- ¿Se puede dialogar con un grupo terrorista sin que se cumplan unas condiciones previas?
R.- Apresurarse a negociar con un grupo terrorista que está en activo sin poner unos requisitos previos es peligroso. Sucedió en 1972 en el Ulster y fue un desastre. Cuando la situación se volvió a dar a principios de los años 90, el Gobierno se movió de una forma muy cauta y puso ciertos requisitos y dejó claro también que el Gobierno iba a supervisar lo que saliera del diálogo. El proceso fue el resultado de algunos requisitos que el IRA debía cumplir, como la voluntad de no seguir con la violencia y el apoyo a vías políticas. El éxito de la paz en el Ulster no fue ni mucho menos el resultado de un diálogo incondicional con los terroristas.
P.- Hay mucha gente que defiende justo lo contrario: que el éxito norirlandés es el ejemplo de la importancia de dialogar pase lo que pase.
R.- Lo sé. Lo dice por ejemplo Peter Hain, el anterior ministro para el Ulster. Hain dijo este verano que el proceso del Ulster es un ejemplo de diálogo ilimitado e incondicional. No es verdad. Lo que dice esa gente es completamente erróneo y muy peligroso, porque si uno se apresura a negociar con los terroristas corre un riesgo muy real de que le salga el tiro por la culata. No estoy en contra de que se tomen iniciativas, pero es muy importante que estén muy bien planeadas y que se desenvuelvan en el contexto adecuado.
P.- Usted ha dicho en una ocasión que ser demasiado generoso con un grupo terrorista es como darle dulces a un niño malcriado...
R.- Por supuesto. La gente tiende a pensar últimamente que hay un asomo de racionalidad en un terrorista. Pero si pensaran de la misma forma que nosotros no estarían en una organización criminal. Viven en un mundo que sólo existe en su cerebro. Uno tiene que tener unos principios y unas líneas rojas muy firmes. No digo que haya que ser inflexible, pero demasiada flexibilidad puede ser contraproducente.
P.- Si uno habla públicamente con terroristas, ¿corre el peligro de legitimarlos?
R.- Desde luego. Eso ocurrió cuando Clinton recibió en 1995 a Gerry Adams en la Casa Blanca. Los estadounidenses creían que el gesto ayudaría a propiciar un alto el fuego. John Major pensaba exactamente lo contrario. Major creía que podía llevar a los republicanos a pensar que serían capaces de conseguir sus objetivos gratuitamente. Lo cierto es que los dos tenían razón en cierto sentido.
P.- ¿Qué hubiera hecho usted?
R.- Ningún Gobierno debería mantener encuentros formales con terroristas. Lo que sí deben hacer los gobiernos es asegurarse de que todos los sectores de la ciudadanía entienden cuál es su posición. Y ahí entran también los grupos que de alguna manera podrían respaldar a los terroristas. Pero el Gobierno debe ser en todo momento muy cuidadoso y exigir antes de sentarse a hablar el fin permanente de la violencia. De todas formas, esto no quiere decir que lo que ha funcionado aquí sirva para cualquier otra parte. Las circunstancias concretas lo son todo.
P.- De hecho, eso que ha dicho no sirve para el caso español. ETA dijo que su alto el fuego era permanente y ya ve.
R.- Es cierto. No fue permanente. Tengo la impresión de que gran parte del problema es que no hay un liderazgo coherente dentro de ETA y, probablemente, ni en el nacionalismo vasco en general.
P.- ¿Y en el Ulster?
R.- En el Ulster sí. Una de las cosas más interesantes en Irlanda del Norte es que en 1972, cuando el Gobierno intentó negociar con los republicanos, los negociadores del IRA eran precisamente Gerry Adams y Martin McGuinness. Eso lo dice todo.
P.- ¿Y por qué han durado tanto tiempo?
R.- Esto nos acerca a los métodos de los servicios secretos británicos. Una vez identificado el liderazgo terrorista, la táctica no era derribarlo, sino marcarlo de cerca y desbaratar sus operaciones.
P.- A un español le sorprende que el atentado de Omagh no rompiera los puentes con el Sinn Fein.
R.- La clave fue que el atentado no lo perpetró el IRA sino el escindido IRA auténtico. McGuinness y Adams no están detrás de él.
P.- Pero sí del de Canary Wharf en 1996.
R.- De ése sí. Y la situación fue muy complicada. El Sinn Fein fue apartado de las conversaciones y se dijo que no se le admitiría hasta que el IRA declarara de nuevo un alto el fuego.
P.- ¿Cree que hubiera sido posible el proceso de paz sin el respaldo de la oposición?
R.- Ha sido una práctica habitual en el Reino Unido que la oposición estuviera bien informada y eso le garantiza al Gobierno un cierto respaldo. Las posiciones no siempre son idénticas, hay diferencias, pero en general el Gobierno ha tenido un respaldo grande, entre otras cosas porque era el interés nacional lo que estaba en juego.
P.- ¿Por qué cree que el Sinn Fein terminó por entrar en el juego político?
R.- No lo sé. Los republicanos no estaban a favor de tener un Parlamento norirlandés, pero apenas supieron que iba a haberlo de todas formas cambiaron de opinión y ahí están. Creo que han aceptado ocupar sus escaños porque piensan que eso les acerca a sus objetivos políticos, aunque no tienen razón.
P.- Usted ha dicho que las negociaciones de 1972 naufragaron por su precipitación.
R.- Por supuesto. Fue todo cosa de un par de días. Creyeron que iban a cambiar todo el contexto en un tiempo récord. Es el mismo tipo de fraseología barata que tanto se escucha hoy y que viene a decir: «Hable con ellos y logrará cambiarles».
P.- Suele decir que comparar el del Ulster con otros conflictos es un pasatiempo muy popular. Supongo que no está al tanto de los detalles, pero como observador foráneo, ¿cómo ve la situación del País Vasco?
R.- No conozco muy bien los detalles, pero sí recuerdo el día en el que ETA declaró el alto el fuego permanente.
P.- ¿Creyó que iba en serio?
R.- Por supuesto. Lo creí. Todos lo creímos. En realidad, uno de los problemas es que ETA no tiene un liderazgo ni una estrategia coherente. El otro es que los nacionalistas vascos no tienen ningún objetivo definido.
P.- ¿A qué se refiere?
R.- Quiero decir que no termino de ver qué más puede hacer el Gobierno español para neutralizar las excusas de la violencia. Hay una autonomía muy amplia y hay oportunidades para que la gente participe en la vida política, algo que durante muchos años miles de católicos norirlandeses no podían hacer. ¿De verdad hablan en serio cuando aluden a un Estado independiente? ¿Dentro o fuera de la Unión Europea? ¿Defiende la independencia la mayoría de las personas que viven dentro de las fronteras del País Vasco? Por supuesto, la respuesta es no. Y ellos lo saben. Quienes defienden la independencia no viven en el mundo real.
¿Hubiera sido posible el proceso de paz con Gordon Brown en Downing Street?
- Bueno, es una pregunta interesante. De todas formas, si Blair no se hubiera convertido en el líder del Partido Laborista, no tengo nada claro que el elegido hubiera sido Brown.
Pero supongamos que él hubiera sido primer ministro en 1997. ¿Hubiera salido la paz adelante?
- No lo sé. Una cosa que la gente suele olvidar es que Blair tenía una relación familiar con Irlanda del Norte. Su madre procedía de allí. Tiene parientes que viven allí. Por otra parte, en el oeste de Escocia viven muchos norirlandeses y la gente entiende muy bien lo que ocurre en el Ulster. Pero Gordon Brown no es un producto del oeste sino del este de Escocia, que es muy diferente en este sentido. No estoy seguro de que Gordon hubiera estado a la altura. En realidad, no lo estoy de que esté a la altura del cargo que ocupa ahora (risas).
- ¿Qué papel deben desempeñar las víctimas en el fin de la violencia? En España muchos tienen la impresión de que son inevitablemente las perdedoras del proceso.
- Es complicado, sí. Nosotros tuvimos un programa por el cual algunos miembros del IRA salieron de la cárcel antes de cumplir su condena, pero quiero dejar claro que no hubo una amnistía. Hubo gente que fue encarcelada después del acuerdo por hechos que habían sucedido antes del mismo. Pero no hay duda de que éste es un punto clave. Lo que quieren las víctimas es que se recuerde su sufrimiento. Que no se olvide. Y tienen miedo de que los políticos, en su deseo por alcanzar el fin de la violencia, corran a negociar con los terroristas y dejen a un lado su sufrimiento. En mi opinión, en un proceso de paz tiene que haber cosas que hagan ver a las víctimas que su sufrimiento no ha sido en vano. Y que sean capaces de explicarles que el resultado del proceso ha valido la pena y que si hoy tenemos paz es en parte por el sufrimiento de sus padres, hermanos, familiares. Y sí, desde luego que es muy duro ver a personas que estuvieron envueltas en la violencia paseando por la calle.